La Biblia y la depresión
El mismo Señor Jesús no fue ajeno a este mal.
30 DE MARZO DE 2025 · 08:00

La depresión es una de las enfermedades más extendidas sobre todo en estos tiempos modernos, pero sin embargo ya era conocida en los tiempos bíblicos.
En el Salmo 38:6 el rey David exclama: “Estoy encorvado y abatido en gran manera y ando sombrío todo el día”.
En la segunda carta del apóstol Pablo a los hermanos de la iglesia de Corinto les amonesta diciendo: “Pero Dios, que consuela a los deprimidos, nos consoló con la llegada de Tito”.
Tal vez entre los paladines de la Biblia sean tres los más conocidos: el rey Saúl al que solo consolaba la música que tocaba David en su arpa; el profeta Jeremías muy conocido por sus “lamentaciones” y Elías cuando estaba escondido en una cueva por temor a la reina Jezabel.
El libro de los Proverbios da varios consejos para los deprimidos: “El corazón gozoso alegra el rostro, pero en la tristeza del corazón se quebranta el espíritu” (15:13). En ese mismo libro en 31:6 “Dad bebida fuerte al que está pereciendo, y vino a los amargados de alma”. Y en 17:22 dice que “El corazón alegre es buena medicina, pero el espíritu quebrantado seca los huesos”.
Y el salmista que solía caer en momentos de honda depresión, en el Salmo 42:6 ruega: “Dios mío, mi alma está deprimida, por eso me acuerdo de ti desde la tierra del Jordán y desde las cumbres del Hermón, desde el monte Mizar”. Y reconocía que su espíritu “desfallecía” pidiendo que Dios no esconda su rostro para que no llegue a ser como los que descienden a la sepultura, tal era su estado de ánimo, a pesar de tenerlo todo.
En el libro del profeta Nehemías se define a la depresión como una enfermedad del alma. En 2:2 podemos leer: “Y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo; eso no es más que tristeza de corazón”.
Decíamos que el rey Saúl era un gran deprimido y lo podemos apreciar en el siguiente texto de 1 de Samuel 16:23: “Sucedía que cuando el espíritu malo de parte de Dios venía a Saúl, David tomaba el arpa, la tocaba con su mano, y Saúl se calmaba y se ponía bien, y el espíritu malo se apartaba de él”.
El mismo Señor Jesús no fue ajeno a este mal. En el evangelio según San Mateo dice que “Y tomando consigo a Pedro y a los os hijos de Zebedeo, comenzó a entristecerse y a angustiarse”.
Pero el amor y la misericordia de Dios son muy grandes y en momentos de gran angustia y aflicción nos toma en sus brazos y nos conforta. Así lo creía el rey David: “Tú que me has hecho ver muchas angustias y aflicciones, me volverás a dar vida, y me levantarás de nuevo de las profundidades de la tierra”.
El evangelio de Cristo aún en los momentos más tristes nos puede hacer muy feliz.
El doctor y académico evangélico Gonzalo Báez Camargo, quien fuera mi amigo dejó un hermoso poema en ese sentido:
RETORNO: Voy a seguir tus huellas, / Jesús, definitivamente. / Sólo beberé el agua de tu fuente. / Sólo amaré el fulgor de tus estrellas / y hacia tu faz afirmaré la frente. / ¡Cuán pavorosa la aventura / de mi triste desvío! / Mis flores eran cardos, la amargura / de las aguas de Mara mi dulzura, / mi luz la sombra y mi calor el frío… / Más torno a Ti, Jesús, hermano mío / y hoy sí tendrá mi ruta nuevamente / olor de nardos y brillar de estrellas. / Porque definitivamente / voy a seguir tus huellas.
Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Desde Valcheta - La Biblia y la depresión