El mundo, el G20 y los cristianos

Allí en Argentina se reunieron los responsables del hambre, la pobreza, las guerras y las enfermedades del mundo. Algunos son de derecha, otros de izquierda, pero todos, responsables.

01 DE DICIEMBRE DE 2018 · 18:00

Los mandatarios de la cumbre del G20, incluido el anfitrión, el presidente Mauricio Macri / AFP
Los mandatarios de la cumbre del G20, incluido el anfitrión, el presidente Mauricio Macri / AFP G20

Resulta de lo más anecdótico ver en los medios de comunicación, el desarrollo y montaje y desmontaje de este gran encuentro de estadistas mundiales llamado G20, en Buenos Aires, Argentina.

Un esfuerzo de las naciones para alcanzar ciertos consensos que, de antemano, resulta sabido que no se lograrán. Por ejemplo, que no habrá diálogo entre Putin y Trump, que no se resolverán temas relacionados a Medio Oriente ni al medio ambiente, que continuarán las escaladas bélicas entre Ucrania y Rusia y un sinfín de temas relacionados al hambre, la pobreza, las armas.

En medio de un mundo de protocolos, las noticias que más tiempo ocupan, son los carros blindados de algunos presidentes o primeros ministros. Cuántas antenitas tienen y sus habilidades técnicas, qué tecnología llevan incorporada, cuánto pesan sus puertas y de qué están fabricadas.

También ocupan un importante tiempo en las informaciones, los pormenores de la velada de gala a la que todos los mandatarios y sus acompañantes asistieron en el espléndido Teatro Colón, la descripción pormenorizada de las vestimentas de las primeras damas y primeras ministras, las telas de sus confecciones y el nombre de los/as modistos/as que los confeccionaron. No faltan descripciones de los aviones que transportaron a los más importantes y los que los acompañaron cuidando su seguridad, misiles incluidos.

Resulta llamativo ver a Donald Trump dándole la mano al príncipe de Arabia Saudí, requerido por la justicia internacional por crímenes de lesa humanidad, pero que tiene protección diplomática especial para llegar a codearse con todos los poderosos como él.

No hay espacio aquí, para describir esta gran parafernalia que forma parte de este encuentro donde se espera poder firmar un documento de consenso que sólo se logrará si se alcanza unanimidad. Es decir que todos… “todos”, estén de acuerdo con “todo” lo que ese documento diga.

Se espera un diluido consenso sobre algunos pocos puntos que justifiquen el gran esfuerzo que las naciones han hecho para este encuentro tras el cual los poderosos de la tierra continuarán cada uno tratando de demostrar al mundo que tienen la razón y que lo van a demostrar por medio de la fuerza y si es necesario con la vida, derramando hasta la sangre (por supuesto, la de los soldados, no la propia). De ese diluido consenso se espera por supuesto, un no menos diluido documento, emitido por los poderosos de la tierra. ¡Cuánto necesita a Dios este planeta!

En mi twitter puse un mensaje: “Sin ánimo de ofender a los estadistas reunidos en el G20. Allí en Argentina están reunidos los responsables del hambre, la pobreza, las guerras y las enfermedades del mundo. Algunos son de derecha, otros de izquierda, pero todos, responsables. Seguimos esperando al DESEADO DE TODAS LA NACIONES, JESUCRISTO. PRÍNCIPE DE PAZ”.

Lo peor de todo, es que hay otros responsables más culpables que estos. Los que tímidamente parece que quieren comenzar a salir en la foto de los que toman decisiones, esos son los que oran, “venga a nosotros tu reino y hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” pero además de orar, están dispuestos a demostrar que su fe no está muerta, son aquellos que a sus oraciones suman acciones, son los que responden: “heme aquí, envíame a mí”.

Son los que tiemblan a la palabra del Señor cuando dice: “Juzgad conforme a la verdad, y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano; no oprimáis a la viuda, al huérfano, al extranjero ni al pobre; ni ninguno piense mal contra su hermano”. El mismo Señor que también dijo: “Pero no quisieron escuchar, antes volvieron su espalda y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas…”

Esta advertencia bíblica continúa diciendo que, por causa de esto, vino gran enojo de parte del Señor y que, así como El clamó y ellos no quisieron escuchar, ellos clamaron y El Señor no escuchó y no sólo eso, sino que los esparció con torbellino por todas las naciones.

Sirva esta reflexión como un toque de trompeta a la iglesia, porque somos nosotros los mayores responsables, los cristianos. Si a nuestros estadistas no les duele el clamor de los pobres, la peste y la guerra, el quebranto, la destrucción de la vida y la familia, es entendible, no son de Cristo, sus mentes están cegadas por el dios de este siglo.

Mientras no nos duela a nosotros el dolor de nuestras naciones, no habrá justicia ni paz. Nuestras naciones claman por la necesidad de hombres y mujeres justos en los lugares de decisión y esos son aquellos que ven el dolor y tiemblan al llamado de Dios.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Misión Vida - El mundo, el G20 y los cristianos