Los evangélicos no sabemos ser gobierno

Hay una mística o ilusión que choca con una realidad muy poderosa y cruel: no estamos tan listos para la política como creíamos

07 DE OCTUBRE DE 2018 · 18:00

Healthy Mond / Unsplash
Healthy Mond / Unsplash persianas ventanal, ventana luz

Sin lugar a dudas, la cuestión aborto e ideología de género, tal como lo expresó un diario argentino, ha despertado un gigante dormido. O sea, se despertó el pueblo evangélico de la región, y se enteró de que las situaciones de sus naciones serían muy diferentes si se hubiera involucrado en el campo de la política.

Casi 50 años alejados a propósito de la arena del poder político por miedo a contaminarse, porque era territorio exclusivo del diablo o para no ensuciarse con el lodo de la corrupción. Lo que no se pensó es que en la vida y la sociedad, el espacio que no ocupan los buenos, lo ocupan los malos.

De vez en cuando, asomó algún valiente, que solo, o en el peor de los casos, mal acompañado, se aventuró a participar electoralmente, y la verdad sea dicha, en la mayoría de los casos, no dejaron al pueblo evangélico bien parado frente a la opinión pública.

Pero atención, que no estoy haciendo mención a la honorabilidad u honestidad de estos hermanos, muchos menos a sus buenas intenciones de ser luz en un lugar oscuro, sino que, percibo en general, una mística o ilusión que se chocó con una realidad muy poderosa y cruel: no estábamos tan listos para la tarea política como creíamos.

Los evangélicos no sabemos ser gobierno.

Por qué? ¡Santas preguntas, Batman!!!!

  1. No ha habido en ningún seminario o universidad evangélica en el continente ni un solo curso sobre ciencias políticas, o materias relacionas a la acción de gobernar.
  2. Casi ningún congreso de pastores, líderes, etc ha ofrecido conferencias sobre el llamado de Dios al campo misionero de la política.
  3. En general, los pocos que se aventuraron a participar en la política partidaria de sus países, no tuvieron, o no quisieron, el apoyo espiritual del resto del liderazgo referencial de su nación.
  4. Todavía tiene poder el mito de “evangélico no vota a evangélico”, dado que el compromiso emocional o económico con los partidos tradicionales es mayor que la visión de un candidato cristiano.
  5. Los empresarios exitosos cristianos no confían en la política, por lo tanto no hacen aportes económicos ni siquiera para sostener y apoyar a candidatos o partidos evangélicos.
  6. Existe aún la convicción que el Espíritu Santo va a capacitar en cuestiones de gestión y administración política al que quiere meterse en estos asuntos.
  7. Hay una errónea idea de que se puede trasladar la experiencia de conducir una iglesia, aunque sea mega iglesia, a la acción de liderar un gobierno como si fuera lo mismo.
  8. El egoísmo, la mezquindad y la búsqueda de fama y reconocimiento no son pecados ajenos al liderazgo cristiano.

Creo firmemente que el Espíritu Santo está despertando e intentado convencer al pueblo de Dios de que la política es un espacio que necesita ser redimido, porque el pecado lo ha podrido y el olor ya no se aguanta más.

Pero creo firmemente también que nuestro éxito político no va a estar dado por la evangelización desde el poder, sino por la demostración de una excelente gestión gubernamental.

Debemos armar cuadros políticos, referentes válidos, profesionales probos que amen a Dios y a su Patria para que se entreguen en las manos de Dios y así ser agentes de transformación.

Por favor, entiendan amigos: ¡no alcanza con orar y ayunar! Hay que saber, estudiar, conocer y analizar la realidad de cada lugar para ver como la trasformamos desde el gobierno.

No puede ser que los únicos temas que hablan los cristianos que aspiran a lugares en el gobierno sean los referidos al aborto, o las cuestiones de la ideología de género. Hay que saber responder y planear sobre economía, pobreza, educación, salud, empleo, seguridad, narcotráfico, relaciones internacionales, energía, etc.

De nosotros depende de no perder esta hora que se presenta con una gran oportunidad de cambiar radicalmente la historia de nuestros sufridos pueblos.

Publicado en: EVANGÉLICO DIGITAL - Pensando la política - Los evangélicos no sabemos ser gobierno